
lunes, 27 de febrero de 2012
Prohibido excitar al leopardo

sábado, 25 de febrero de 2012
miércoles, 22 de febrero de 2012
Los amores eternos

Esta mañana, en el cole, mi amiga Amelia ha protestado un poco por el tono levemente descreído de la última entrada (y de los subsiguientes comentarios) y me ha dicho que a ver cuándo hablo de los amores eternos, que ella hace 19 años que está con su marido y sigue enamoradísima. No, no, no, no, no, Amelia, estás equivocada conmigo. ¡Yo creo absolutamente en los amores eternos! De hecho, he tenido varios. En serio. Muy eternos. Los amores eternos son mis amores favoritos. Los otros son lo más parecido a comerse un bistec. Lo cual está bien, a veces puede apetecer mucho comerse un bistec, pero es solo un bistec. Un bistec es un bistec es un bistec, como decía Gertrude. Bueno. Algunos "consejos" sobre los amores eternos:
-Es preferible que uno de los dos miembros de la pareja esté ya en la eternidad. Eso facilita enormemente la convivencia y evita el desgaste cotidiano. Y para el día a día, ya están los bistecs.
-Es preferible que uno de los dos miembros de la pareja sea rico, o que haya intereses materiales (casas, etc), genéticos (hijos) o sociales en común. Eso hace que el umbral de la paciencia aumente considerablemente.
-Los amores eternos son hereditarios. Si uno proviene de un amor eterno, es más probable que lo sepa replicar. Si uno proviene de una casa de locos apasionados, es más difícil.
-Con la edad, aumentan las posibilidades: como cada vez nos queda menos eternidad, cada vez hay más posibilidades de que logremos aguantar a nuestro amor eterno hasta el final físico. Después, como ya he dicho, empieza lo fácil, amar a un muerto.
-Buscarse un amor eterno de cine. Yo, por ejemplo, sé que amaré eternamente a Ryan Gosling, lo sé y punto. Y cada vez que veo sus bíceps en mi salvapantallas, siento aumentar mi amor eterno.
¿Ves, Amelia, como sí que entiendo perfectamente lo que son los amores eternos? ¡Uffff, no aguanto los malentendidos!
lunes, 20 de febrero de 2012
Los amores de 5 minutos

Mi amiga Luz me recordó el otro día mi promesa (que evidentemente había olvidado) de hablar sobre los amores que duran 5 minutos. Hay varios tipos de amores que duran 5 minutos.
1. Los que deberían durar 5 minutos.
Son los que incluso antes de que empiecen, ya tienes un fogonazo que te indica que aquello no va a ir bien. Yo, una vez, viéndole de lejos la coronilla calva a un tipo, antes de haber cruzado una sola palabra con él, ya supe que aquello no podía funcionar, que aquella coronilla y yo no estábamos hechos para entendernos (y que conste que no tengo nada en contra de las coronillas ni de los calvos). El cielo me mandaba una señal: la amenazadora coronilla reluciente bajo la luz de la farola... yo la ignoré porque era primavera...y ¡¡¡pumba!!! Lección 1: No ignorar nunca las señales celestes. Nunca.
2. Los que, efectivamente, duran 5 minutos (o media hora).
-Los hombres que solo son guapos en la distancia, a los lejos. En cuanto los tienes delante, sientes un vacío existencial terrible y deseas estar hablando con Monty, el perro de los vecinos, en vez de con ellos.
-Los hombres que no saben que a las mujeres se las invita al café.
-Los hombres (de más de 35 años) que no saben nada de anatomía femenina. Los hay, believe me.
-Los hombres que en el minuto 2 te advierten de que no te enamores de ellos.
-Los hombres que no saben beber y que aprovechan el hecho de estar borrachos para decir las imbecilidades y mezquindades que normalmente piensan pero se callan.
-Los hombres a los que no les gustan los animales (porque si no le gustan los animales, es probable que tampoco le gusten los niños, y por lo tanto es dudoso que le gusten las mujeres, que, como todo el mundo sabe, somos un 30% animales, un 20% niños, un 40% mujeres y un 10% hombres).
-Los hombres que no pueden dejar de hablar de la "cabrona" de su exmujer, que se volvió loca y se operó las tetas o los ojos o lo que sea, y luego los dejó (¡a ellos!) porque decía que eran muy aburridos (¿ah, sí? Really? ¡No me lo puedo creer! Pero si es apasionante estar aquí, con mi gin tónic, mientras tú me cuentas las operaciones estéticas que planea tu ex).
3. Cuando cinco minutos son toda una vida.
Y por último están los buenos, los que duran cinco minutos o toda una vida, da igual. Los que nos alegramos de haber vivido, pase lo que pase y acaben como acaben. Los que nos saben tocar (el cuerpo y el alma). Los que nos hacen reír. Los que nos sacan de los pantanos.
Y mañana hablaremos de ropa, que esto de escribir sobre amor es muy cansado.
viernes, 17 de febrero de 2012
Con un par


Con un par de buenos tacones por temporada basta. Ni más, ni menos. Así como creo que se deben tener dos o tres pares de zapatos planos, con unos de tacón es suficiente. Ahí van las "reglas" que yo sigo para encontrar y domesticar a los míos (sí, los zapatos de tacón deben ser domesticados.)
- Que sean razonablemente practicables. Yo no paso nunca de los 10 cm, una altura que me permite el bamboleo justo y necesario para ir por la vida . Con más, he de hacer equilibrios.
- Que sean razonablemente cómodos, o sea, que sean unos zapatos de buena calidad, o sea, que los pueda llevar con una sonrisa en la boca. (Todas las cosas que no nos ponen una sonrisa en la boca deberían ser suprimidas de nuestra vida. Todas. Sin atenuantes.)
- Que no conjunten con nada de nuestro vestuario. Que sean simplemente maravillosos, una locura, un disparate, geniales, el amor de nuestra vida. Si nos seducen a nosotras, ya encontrarán la manera de seducir a nuestra ropa.
- Que no nos los podamos permitir, que estén un poco por encima de nuestras posibilidades. Con los zapatos (como con los hombres) hay que perder la cabeza, si no, acabas con unos mocasines marrones con suela de goma o con unos zapatos de salón negros para toda la vida, ya me entendéis... (Cada vez que me dicen en una tienda "esto te durará toda la vida", me echo a temblar, me entran sudores fríos y he de salir a la calle a respirar aire puro.)
- Que nos apetezca ponérnoslos inmediatamente. Si empiezas a pensar: "Me los pondré en la fiesta de Pepita" o "Para salir a cenar un día especial" o "Para el premio no sé qué", es que no son los zapatos adecuados. Tienen que ser unos zapatos que te quieras poner ya, hasta que el cuerpo (y los pies) aguanten.
- Y por último, domestícalos (y déjate domesticar por ellos), hazlos tuyos (no voy a hacer más comparaciones con los hombres que luego mis amigos se enfadan). Aprende a andar con ellos, te pueden llevar mucho más lejos -y mucho más rápido- que unas deportivas. Ya verás.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Una camisa en blanco para dibujar la primavera


"Yo creo que los seres humanos desarrollamos tanto el cerebro porque, al ser uno de los animales más feos de la selva, no tuvimos más remedio que potenciar otras cualidades." Les explicaba yo (siempre tan didáctica) a mis hijos, el pasado fin de semana, en un zoo desierto y gélido, ante la zona de los leones. Enseñadme a un hombre que sostenga la cabeza (y la mente) como un león y me casaré con él (esto no se lo dije a los niños, porque aunque sean sumamente espabilados, me pareció demasiado enrevesado. Me hubiesen hecho cien mil preguntas, y contestar a los niños es muy cansado porque, contrariamente a la mayoría de los adultos, ellos no preguntan por preguntar, preguntan porque realmente quieren obtener una respuesta). Anyway, que la belleza no está en el interior, si no a nuestro alrededor, en los leones del zoo, en las mimosas que justo florecen ahora, en las camisas de seda blancas, que estamos a punto de podernos poner sin nada encima y casi sin nada debajo. Camisas como lienzos en blanco que anuncian la primavera, la época que nos devuelve los días largos, las ventanas abiertas de par en par, los horizontes despejados y las infinitas posibilidades. La época en la que resulta casi imposible resistirse a la felicidad. A la vuelta de la esquina. Ahora.
domingo, 12 de febrero de 2012
El lago de los cisnes

Fin de semana extraño: el jueves, fui a ver "El lago de los cisnes" y ayer, "Les Misérables". En ambas obras, hay historias de amor absoluto. "Et l'amour, où tout est facile, où tout est donné dans l'instant", -y el amor, cuando todo resulta sencillo, cuando se entrega todo desde el primer momento- como escribe Houellebecq y canta la gran Carla Bruni. Y me di cuenta de que hacía un montón de tiempo que no oía hablar de historias así. Supongo que nos hemos hecho mayores y que, en este momento, las historias de amor de la gente que me rodea están hechas de pragmatismo, inteligencia, miedo, tolerancia, reproches, paciencia, amor, pactos, esfuerzo, cansancio, dinero, compromiso, hijos, amor, etc. En el entreacto de "El lago de los cisnes", mi amigo, Arcadi Espada, me dijo riendo (a raíz de un comentario mío sobre este blog): "Tú no saldrás nunca de El lago de los cisnes". No era exactamente un piropo, nada en Arcadi lo es, o nada de lo que él piensa que lo es (Arcadi y su despiadada, afilada y, sobre todo, antipática inteligencia. Pero inteligencia, al fin y al cabo). Y tenía razón, no saldré nunca de "El lago de los cisnes". Bueno, nunca nunca tampoco. Tengo planeado salir el próximo día 14 para dar una fiesta temática, se llamará "Fuck St Valentine", ¿alguien se apunta? No será en el lago, será en mi casa.
PS: En la foto, un maravilloso vestido de cisne de Alexander Mcqueen.
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