jueves, 17 de septiembre de 2015

El día que dejamos de utilizar la palabra "guay".

       



     De joven, todo es guay. Nos rodeamos de gente guay y, nosotros mismos, somos lo más guay del universo. Puede que nuestros padres no sean tan guays, pero incluso sus exigencias, sus preocupaciones y su avanzada edad, al entrar en contacto con nuestro "guayismo" ilimitado, se vuelven pintorescas, motivo de chiste y de guasa. Solo escuchamos música guay y hacemos cosas guays (incluso ir al colegio, encontrarse con los amigos, falsificar la firma de los padres para salir antes e ir a pasear, sacar las mejores notas en literatura sin haber estudiado, discutir a gritos con el profesor de filosofía sobre si Ingmar Bergman es feliz o no en su vida cotidiana, es guay). 
    Pero un día, nos vamos a dormir, pasan 30 años, y, al despertar, estamos rodeados de cadáveres, de gente asustadísima y de prepotentes. Lo que les (nos) mueve deja de ser lo guay (la libertad, el sexo, la diversión, el deseo) y pasa a ser el poder, el dinero, las ganas de figurar y de ser alguien ("ser alguien", la expresión más estúpida del universo), de afianzar, de construir, el pánico a perder (cuando no hacemos otra cosa en nuestra vida que eso). Pasamos de hacer las cosas "porque sí" a hacerlas por alguna razón. Supongo que en eso consiste hacerse adulto. Yo, personalmente, lo llevo bastante mal, en el patio del colegio de mi hijo de 8 años sigo prefiriendo jugar con los críos a hablar con el profesor. En fin, que me está costando esta "rentrée", que me hubiese quedado un rato más en el verano, que el otoño no es "guay".

La foto, los más guays del Paraguay: The Clash en 1979 fotografiados por Chester Simpson.








martes, 16 de junio de 2015

Preysler, Colau y la seducción.


Siempre he pensado que Don Juan hubiese debido ser un personaje femenino. Solo nosotras utilizamos la seducción como arma. Y solo nosotras sabemos que el éxito no es llevarse a alguien a la cama (algo relativamente fácil y fútil), si no hacer que esa persona se enamore perdidamente de ti. Los grandes seductores que conozco seducen para ligar, nosotras seducimos para enamorar. Y en ese matiz está toda la diferencia, claro. En ese matiz está la perdición (de unos y de otros, de todos) y la mayoría de las grandes novelas de amor que se han escrito. Las grandes seductoras se juegan la vida, los grandes seductores, no.
Ada Colau, a la que he votado -y a la que dejaré de votar en cuanto presente a algún tipo del estilo de Zapata (bochornosa la forma torpe de expresarse, y más en alguien que dice haberse dedicado a los libros y a la cultura, y bochornosos sobre todo los segundos que tardó en responder a la pregunta de si le parecía mal que hubiesen silbado e insultado a los representantes de Ciutadans a la salida del Parlamento. Tan bochornoso que el tío que estaba a su lado tuvo que intervenir para decir que claro, que está mal insultar a los representantes de cualquier partido, si no lo hubiese hecho, Zapata y su barba y su camisa de cuello mao se hubiesen metido en otro lío)- es una gran seductora. No lo ven los pobres desgraciados que solo juzgan a una mujer por su físico y por su forma de vestir y que tienen tan poca imaginación que solo se la pueden imaginar haciendo espaguetis y pasando el aspirador (lo que les jode en el fondo es la certeza de que son ellos los que no le interesan NADA a ella), pero lo vemos (o lo sentimos) todos los demás y lo sabe ella perfectamente. Sin embargo, claro, no le llega ni a la suela del zapato a Isabel Preysler, la mayor seductora del reino (Ada Colau es una seductora parcial, hay gente que no le interesa en absoluto. Preysler es la seductora total, nadie queda fuera de su radar ni de sus garras). No la conozco personalmente pero no sé de nadie que la haya conocido en persona y que no haya caído rendido a sus pies. Ligarse a Vargas Llosa es una genialidad absoluta, hacen una pareja "made in heaven" como dicen los anglosajones cursis, son perfectos el uno para el otro (solo hay que ver las fotos, parece que lleven 20 años juntos). Y como él tiene casi 80 años, cuando se muera, ella todavía tendrá tiempo para otro, para seguir dándonos lecciones de "savoir faire". En fin, que la vida nos sonríe.

La foto: otra grandísima seductora, además de genio absoluto: Colette.
PS: Estoy escribiendo un prólogo para Dúo, una novela corta suya que publicará Anagrama dentro de poco.

viernes, 5 de junio de 2015

Adiós a todo eso.

   



     Todos los que hemos leído a Capote (y si no lo habéis hecho todavía, no perdáis más tiempo conmigo y salid corriendo a comprar uno de sus libros, todos son maravillosos) tenemos nuestro Tiffany's particular (el lugar donde iba Holly Golightly, la protagonista de "Desayuno en Tiffany's", cuando necesitaba pensar, estar sola, refugiarse). Mi Tiffany's era Vinçon, la famosa tienda de Paseo de Gracia que está a punto de cerrar. Mi Tiffany's también era Semon y también era Gonzalo Comella, los patios de recreo de una infancia privilegiada en la que la felicidad era algo tan obvio como que el sol iba a salir cada mañana.
     Ayer me acerqué a Vinçon con la vaga sensación de que iba a un funeral, con la congoja que producen las despedidas definitivas, a regañadientes también (¿por qué ir a visitar a un moribundo cuando fuera hace sol y ha llegado la época del mar, del vino helado y del derroche? ¿No se podía morir en otoño o en invierno, como todas las cosas, como todos nosotros?).
     La tienda está igual, pero prácticamente vacía, quedan algunos  muebles y objetos que parecen más furiosos y ofendidos por su repentina soledad y desnudez, que otra cosa. El espacio ya no te acoge ni te protege, quiere que te largues (dejadme en paz de un puta vez, quiero estar sola). Tuve la sensación de estar viendo a alguien fulminantemente demacrado por la enfermedad (¿pero cómo puede ser, si la última vez que le vi, estaba bien? ¿Cuándo fue? No ha pasado tanto tiempo...). Y la sensación también de ser un buitre, esperando recoger los restos de no se sabe qué.
    Había pensando que compraría toda la tienda (que montaría un mini Vinçon en casa), pero en un último gesto genial (Vinçon fue realmente una tienda genial, con una idea detrás, con una visión del mundo), en los espacios que solían estar llenos de objetos maravillosos (la mejor selección del mundo), han colocado cientos de las míticas bolsas de Vinçon, pero sin nada en su interior, solo las preciosas bolsas de papel.
     Y decido no comprar nada, no despedirme. Y me marcho con las manos vacías, un poco más vacías, incluso, que al entrar.
 

jueves, 28 de mayo de 2015

Esas cosas que decimos a veces las mujeres y lo que realmente significan.


Cosas que decimos (a veces) y lo que significan (a veces):

- "Eres demasiado bueno para mí."
  Significado real: No me llegas ni a la suela del zapato y no quiero verte ni en pintura.

- "Soy muy mayor (o muy joven) para ti." (Como la mayoría de los tíos son tan humildes, aunque se lo digas a uno de 95, asentirá y pensará: "Pobrecilla, tiene razón, en realidad estoy de muy buen ver y tengo el espíritu joven, podría estar con una de 20.)
  Significado real: El problema no es que sea mayor (o más joven) que tú, el problema es que eres un plomo (un tacaño, un miserable, un bobo, o lo que sea).

- "Soy muy solitaria, no creo en la pareja".
  Significado real: La mera idea de tener que escucharte constantemente me da ganas de tirarme por el balcón.

- "Soy madre de familia y mis hijos son mi prioridad".
  Significado real: Mis hijos son un poco pesaditos, como todos los niños, pero comparados contigo son una mezcla de Kant y Picasso.

- "No tengo mucho tiempo porque no he encontrado canguro y he dejado a los niños solos en casa".
  Significado real: Los niños están perfectamente, pero tú solo tienes 1 hora y 15 minutos para demostrarme que ha valido la pena perderme "Master Chef" para salir a cenar contigo".

- "Me encanta que conserves a tus amigos de siempre y que salgas con ellos sin mí, como hacías antes de conocerme. La lealtad es muy importante".
 Significado real: Todos tus amigos me horripilan, ni se te ocurra invitarme a una de vuestras cenas.

- "El físico no importa".
 Significado real: El físico no importa si te pareces a Brad Pitt.

- "Me gustan los hombres como tú, que no se preocupan nada por la ropa, sencillos, naturales.
 Significado real: Eres el hombre peor vestido que he visto en mi vida.

- "El sexo está sobrevalorado, hay cosas más importantes en una relación: la complicidad, el cariño" y le acaricias la mano dulcemente mientras miras al infinito.
Significado real: Esta relación está muerta y enterrada.

Y eso es todo amigos.
Feliz jueves.

PS: La foto: Isabella Rossellini, la mujer más guapa del mundo.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Pijos, señores, mujeres y ellos.


La sociedad cambia y yo, que me paso el día dando vueltas y mirando a las musarañas, soy un testigo de excepción. Algunos de mis últimos descubrimientos sobre la evolución demográfica y sociológica de la sociedad:

Los pijos:
Tengo la sensación, seguramente disparatada y debida a que hace años que dejé de tratarlos, de que los pijos están en vías de extinción. Por eso, en vez de irse a Paris a comer hasta reventar y a visitar prostíbulos como hacían nuestros bisabuelos, hacen tanto footing y tanta bicicleta, comen tantas barritas energéticas y hablan con voz cada vez más desvaída (cuando hablo con uno de ellos por teléfono, siempre tengo la sensación de que está al otro lado del mundo o en otro siglo, la voz suena lejaaaaaana y floja), porque se dan cuenta instintivamente de que están desapareciendo y creen que haciendo maratones la cosa se solucionará.

Los señores:
Tipología masculina que surgió a finales del siglo XIX y tuvo su punto álgido a principios del XX. Quedan algunos. Pocos. Los que conocí se caracterizaban por la buena educación, cierta socarronería mal disimulada, la afición a las mujeres y la alegría de vivir que suele suscitar el no haber tenido nunca problemas de dinero. Tenían la elegancia de arruinarse con ese misma alegría (by the way, la elegancia se demuestra en los momentos cutres: cuando te quedas sin dinero, cuando la vida se te tuerce, cuando te abandonan o te pones enfermo, no en los cócteles, ni en las fiestas, ni al borde de las piscinas de Pedralbes). Vivían intensamente. Sabían vestir y tardaban 5 minutos en vestirse. En Barcelona quedan 2.

Las mujeres: somos los hombres del futuro. No soy feminista, pero siempre que quiero encontrar algo de sensatez, de valor, de humildad, de inteligencia, de arrojo, me dirijo a una mujer. La mayoría de los grandes hombres que conozco son mujeres. Hillary (y todas las críticas que suscita entre los miles de hombre asustados) no es más que la punta de un iceberg gigantesco.

Resumiendo: los pijos languidecen, los señores desaparecen y las mujeres seremos los hombres. Ahora solo falta que ellos decidan lo que quieren ser.

Feliz miércoles!
PS: La foto: Un hombre

   

jueves, 30 de abril de 2015

Seguir cantando a Sabina


Concierto de Sabina en el Palau Sant Jordi.
Después de dar mil vueltas para llegar hasta allí (tanto mi amiga como yo somos pueblerinas de ciudad lo que significa que apenas salimos de nuestro barrio y que hemos logrado convertirlo en un pueblo, ella lo recorre con un carrito de la compra con ruedas y yo con un capazo de paja agujereado que compré hace siglos en otro pueblo. Somos el colmo del estilo, vayamos donde vayamos, siempre parece que vamos al mercado, lugar que yo no piso jamás y que ella solo frecuenta los sábados para socializar). Finalmente, llegamos al Palau Sant Jordi, es imposible aparcar y acabamos dejando el coche en un parking remoto, una especie de descampado lleno de autobuses con una garita en la entrada y un anciano amable dando instrucciones a los fans de Sabina. El concierto, magnífico, acaba tarde y de vuelta al parking nos volvemos a perder, claro. Al llegar solo quedan unos autobuses abandonados en medio de la oscuridad y el viejecito adormilado. Mientras salimos, le digo a Natalia:
    -¿No te parece que este sitio da un poco de miedo? Tan lúgubre, tan desierto, con estos autobuses gigantes, es el típico sitio para un crimen espantoso.
    -Sí, realmente está muy oscuro, vamos, vamos.
   -Y estas avenidas desiertas, con tantos árboles para esconderse...
   -Conduce y calla -me dice ella.
En ese momento, veo a dos chicos haciendo autoestop.
   -Ui, esto sí que es peligroso -digo. Aminoro la marcha. Natalia no dice nada pero me mira abriendo mucho los ojos, que es como me suele mirar cuando digo tonterías (a menudo) o cuando estoy a punto de hacer alguna insensatez (muy a menudo).- Sería una locura pararse, ¿no?- añado.
Y me paro. Claro.
Son dos tíos de treinta y pico años que huelen a cerveza. Se sientan detrás entre los juguetes y los restos de merienda de mis hijos. Natalia me mira con los ojos más abiertos que nunca, pero como está muy bien educada, les sonríe y les da conversación mientras yo intento respirar por la boca. Nos dan las gracias un millón de veces por habernos parado y hablamos un poco del concierto, nos cuentan que son fans absolutos de Sabina. Y finalmente no nos asesinan y, como es lógico, empezamos a coquetear. Al llegar a Plaza de España, nos preguntan que qué hacemos, que a dónde vamos. Natalia les dice que a casa con nuestros hijos.
    -¿Y los maridos? -preguntan.
    -Fueron expulsados -respondo yo.
    -Ah -dicen ellos.
    -Bueno, yo ni llegué a tener. Tuve a mi hijo sola. -contesta Natalia.
   -Ah. Pues nosotros nos vamos al karaoke a seguir cantando a Sabina. ¿Queréis venir?
Miro a Natalia con cara de ilusión.
   -Mañana tengo que madrugar para ir al trabajo- dice.
Y los chicos se bajan en Plaza de España y desaparecen para siempre en medio de la noche.
    -¿Tú crees que nos estamos haciendo viejas? -le pregunto al quedarnos solas,- hace unos años nos hubiésemos ido al karaoke...
    -No, no lo creo.
Me mira sonriendo, abre las ventanas y enciende su iphone, empieza a sonar "Y nos dieron las diez" a toda castaña y nos ponemos a hacer los coros entre carcajadas.
   -¿Ves como nosotras también seguimos cantando a Sabina?
 



 

sábado, 4 de enero de 2014

Propósitos de año nuevo


Este año me voy a portar requetebien.

1. No miraré con cara de pena a los que utilizan las siguientes expresiones:

- "Repito": los que escriben una idea, una teoría, o lo que sea, y luego, para recalcarlo -o por si el lector es imbécil y no lo ha entendido bien-, escriben "repito," y te vuelven a echar el mismo rollo. No tenemos 5 años, ningún adulto normal necesita que le "repitan" nada. El cerebro humano y el aparato auditivo tienen la capacidad de entender las mayoría de las cosas a la primera.

- "¿Vale?": Acabar la mayoría de las frases con un "¿Vale?": "Me pasó esto y aquello y lo de más allá. ¿Vale? Y después hice no sé qué y no sé qué más. ¿Vale?" También es dar por sentado que el otro es un poco memo y que puede perder el hilo de la apasionante historia que le están contando.

- "Te pienso": la nueva manera que tienen los cursis, los pretenciosos y los analfabetos (que a menudo son la misma persona) de decir "pienso en ti". Muy muy molesto.

- "Visionar": en vez de "ver" una película como todo quisqui, ahora hay gente que "visiona" las películas. Después resulta que, en realidad, ven lo mismo, o menos, que los que solo vemos pelis.


2. No tomaré el pelo a:

- Los hombres feos que se permiten juzgar el físico de las mujeres. Solo puedes convertir a los demás en objeto si estás dispuesto a pasar la misma prueba tú mismo. En eso consiste (también) la igualdad.

- Los que afirman leer un libro al día.

- Los que afirman no leer un libro ni que les maten.

- Los que dicen que se levantan cada día a las 5:30 de la mañana para meditar.

3. No escupiré a:

- Los que faltan sistematicamente al respeto a los independentistas.

- Los que faltan sistematicamente al respeto a los anti nacionalistas.

- Los que fingen que los mendigos son invisibles.

4. Y también:

Iré a yoga cada día siempre que sea posible, me haré un segundo agujero en la oreja izquierda, intentaré acordarme de regar las plantas, comeré menos Crunch, etc.

La foto: todo lo que os deseo y me deseo (en serio) para este año.





martes, 24 de diciembre de 2013

El árbol de los deseos


En Vic, hay un olivo maravilloso (uno de mis árboles favoritos) en el que cada año, por estas fechas, la gente empieza a colgar papelitos con sus deseos para el año nuevo. Hace unos días, colgué el mío, entre uno en el que ponía "follar más" y otro, en el que alguien había escrito un largo rollo sobre un tal Josep que no la/le llamaba nunca y no sé qué desgracias más. Creo que 2013 no ha sido un año demasiado bueno para nadie (al menos en mi entorno), pero creo también que los años "abre ojos" (los que te obligan a abrir los ojos, 2013 ha sido uno de esos), a la larga, son positivos. Dentro de unos años, podremos decir: "En 2013, me ocurrió esto, esto se fue definitivamente a la porra, perdí esto y aquello, me di cuenta de esto" y finalmente, "en 2013, decidí esto". Aun estamos a tiempo, queda una semana para "decidir esto", quien vamos a ser, de qué podemos prescindir, por quien o que estamos dispuestos a renunciar a algo importante, qué queremos hacer. Y hacerlo.
Os deseo paz, emoción, amor, risas locas, dinero, sol, amigos, salud, y, ¡ah, sí!, follar más.
Feliz 2014, queridos míos.





jueves, 12 de diciembre de 2013

El amor en los tiempos de facebook (1ª parte): las fotos de perfil



Yo, como soy muy frívola y ya nadie espera nada bueno de mí, en facebook, solo acepto como amigos a los hombres guapos. Con las mujeres, tengo un poco más de manga ancha, aunque no mucha. Siempre pienso: si la foto no me gusta, la persona me gustará todavía menos.

1. Los que ponen una foto de su gato, de su perro, de su cerdito o de algún otro animal doméstico: mala señal. En la vida (y también en facebook), hay que dar la cara, si no, es muy aburrido. (Lo mismo ocurre con los que ponen una foto de Homer Simpson, de Einstein o de alguna constelación lejana).

2. Los que ponen la foto de cuando eran niños. No estaría mal, si no fuese porque todo el mundo sabe que el 75% de los niños monísimos se convierten en adultos feos (el 95%, si hablamos de Inglaterra y de los países nórdicos). 

3. Los que salen medio desnudos: ¿Te irías a tomar un gin tónic sin camiseta? Pues en facebook, igual. La gracia de facebook es que es indecente y rapidísimo, y púdico y romántico a la vez. Más que la vida misma, incluso.

4. Los que ponen una foto artístico poética: Muy muy peligrosos. Goering sacaba el revolver cuando oía la palabra "cultura" (concepto, hoy en día, en vías de extinción), yo lo saco cuando alguien se define como "artista". A menos "cultura", más "artista" se considera uno.

5. Los que no ponen foto: Son asesinos en serie. Seguro. Casi tan peligrosos como los del punto 4, pero menos aburridos.

6. Los que cambian su foto cada 5 minutos: Son narcisistas inseguros. Yo, personalmente, intento que mis amigos tengan 1 defecto, no más: o narcisista, o inseguro, o prepotente, o mal genio, o pesado, o vegetariano, etc. Un defecto por persona, está bien. Dos, es demasiado. Creo yo.

Y la semana que viene, queridos oyentes, hablaremos de qué preguntar y qué no preguntar en el referéndum en facebook.

Feliz jueves.

La foto: el bolso que quiero que me traigan los Reyes Magos. Con uno, me conformo, ¿eh?




jueves, 5 de diciembre de 2013

La amabilidad de los extraños





Yo, como Blanche Dubois, siempre he dependido de la amabilidad de los extraños. Hoy, por ejemplo, he comprado un árbol de Navidad y, al llegar a casa, me he dado cuenta de que era incapaz de descargarlo del coche y subirlo. Entonces, he visto a un muchacho fornido que pasaba por la calle, le he sonreído y le he pedido ayuda. Primero nos ha mirado con cierta cara de sospecha, al coche (el más abollado de la ciudad, cuando paso yo, los demás coches se apartan atemorizados), al árbol (encajado dentro) y a mí (gorro de lana gris calado hasta los ojos, pantalones de algodón fucsia caídos, deportivas blancas, chaqueta de piel de conejo y un montón de pulseras de oro de mi abuela para dar cierta respetabilidad al conjunto); pero inmediatamente ha prevalecido el espíritu navideño y me ha ayudado. Los desconocidos siempre ayudan (los amigos también). Son los conocidos los que no suelen ayudar. Yo creo que en vez de todas esas campañas de las ONG, etc, para ayudar a los demás (que están muy bien), se tendría que hacer alguna también para aprender a pedir ayuda. Si todos pidiésemos ayuda más a menudo, aprenderíamos a prestarla. ¿No? Y así se transforma una sociedad. En fin, ya os advertí de que con la Navidad, me ablando.
Las fotos. Mi lista de reyes: un abrigo de abuelita, una bufanda rosa, unas braguitas de chica Bond. Se llama esquizofrenia estilística. Yes.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

¿El monstruo de la Navidad es el mal gusto?




Ya se me ha pasado la época de odiar la Navidad. Soy demasiado mayor. También soy demasiado mayor para adorar la Navidad. Pero ya no la odio. He aprendido, más o menos, a convivir con ella. Conozco los caminos por los que no debo transitar demasiado durante esos días: la nostalgia, los muertos, la soledad, etc. Y los caminos por los que sí: amigos, hijos, compras y alcohol, básicamente. Y, sin embargo, hay un fenómeno que  no he logrado domesticar. Me ablando. De repente, un calendario de adviento gigante (ver esquina derecha de la foto), me parece una maravilla absoluta. Unas iluminaciones cutres, me parecen auténticas obras de arte. Y cuatro niños desafinando mientras cantan villancicos, me hacen saltar las lágrimas de emoción. Este reblandecimiento estético y moral, también afecta a mi vestuario: hace días que solo llevo Ugg (y estoy pensando en comprar unas de color rosa-rojo, en plan elfo navideño) y chaquetitas de abuela, y estoy esperando a las rebajas para comprarme el abrigo de flores (!!!!) (a mí que las flores solo me gustan en jarro y NUNCA NUNCA en la ropa...) de Paul Smith de la foto. Mis amigos están muy preocupados, claro. Pero a mí solo me preocupa una cosa: ¿dónde encontraré un gorro de lana del mismo rosa chicle que las botas?

viernes, 22 de noviembre de 2013

Facebook, el suicido del PSC y los calcetines de cashmere



Los temas de la semana:

Facebook:
He pensado que esos que quieren darse de baja de facebook (pero seguirán mirando los mensajes, ¿eh?) para volver a leer libros, abrazar a los suyos (eso dicen, sí, en serio), disfrutar del tiempo, otear el horizonte, leer poesía, en fin, dedicarse a tareas "elevadas", podrían también volver a vivir en los árboles (pero no en los que tengo delante de mi casa, please), renunciar a los periódicos (en los que, a menudo, escriben) para limitarse a las señales de humo, y tirar el móvil a la basura. Facebook es el patio de vecinos, el bar de la esquina, la plaza del pueblo, la peluquería, el salón de Madame de Rambouillet. Facebook existe desde el principio de los tiempos. Que los puristas y los neo puritanos renuncien a ello para volver a leer a Kierkegaard, me parece perfecto, pero que nos ahorren sus explicaciones y su sentido de superioridad. Se puede leer a Proust y estar en facebook. Yes. Es más, estoy segura de que Proust se hubiese pasado la vida en facebook.

El PSC:
Hace unos días, se suicidó el socialismo catalán, alegre y valerosamente, como quien ya no tiene nada que perder (lo cual, en su caso, seguramente era cierto) al decidir que no apoyaría una consulta sobre la independencia de Cataluña a no ser que fuese dentro de la constitución y bla, bla, bla. Al día siguiente, toda la gente de bien, empezando por el bueno de Gabilondo, se congratulaba porque, ahora sí, los catalanes ya no tendríamos más remedio que entender la diferencia entre "sueño" y "proyecto político". Y yo, que nunca he sido independentista (y no lo soy) y que siempre había votado al PSOE (PSC) y a IU (ICV), cada vez tengo más ganas de votar a Esquerra Republicana o al CUP. Y cuando los independentistas acaben ganando las próximas elecciones, todo el mundo se rasgará las vestiduras y exclamará "¿Cómo hemos podido llegar a esto?". Pues así, pasito a pasito.

Los calcetines de cashmere:
Daos de baja en facebook y haceos el harakiri, si os apetece, pero antes, pedidle a los reyes magos unos calcetines de cashmere de la marca Brora. Eso sí que te cambia la vida.

Feliz fin de semana, queridos.

jueves, 14 de noviembre de 2013

¿Qué regalo hacer?



Lista de regalos posibles y sus consecuencias.

Los bombones: Es una (muy) buena opción, siempre que tengamos en cuenta que el 70% de la población femenina considera que comer chocolate (o cualquier cosa que contenga azúcar) es peor que drogarse. Tengo una amiga que, cada vez que voy a comer a su casa, me suplica que no traiga postre (que es mi parte favorita de cualquier almuerzo) y después, resulta que no hay postre (ni drogas). Resultado: al salir, tengo que ir corriendo al Caprabo a comprar un Crunch. No hay derecho.

La ropa: Tienes que conocer mucho a la persona para poder regalarle ropa (sobre todo si es una mujer), y siempre conocemos a TODO el mundo MENOS de lo que pensamos. A un hombre, es más fácil. Y, a menudo, aunque no le guste demasiado, se lo pondrá. Una mujer, obviamente, NO.

Las joyas "caseras": La moda del "hazlo tú mismo" (cultiva tú mismo tus tomates, pare a tu hijo en tu propia cama -aunque sea una marranada. Y después, no te extrañes de que tu marido no quiera follar contigo, ni con nadie más, nunca más en la vida-, téjete tus propias espantosas bufandas, coge una raíz de no sé qué para curar el resfriado, etc.) ha llegado a la joyería, así que no es de extrañar que, en cada cumpleaños, se te presente alguien con un cordel y una piedra de la playa mal agujereada y te diga que es un collar, y te obligue a ponértelo (estropeando así el look cumpleañero que has tardado una semana en componer). Te lo pones, claro, porque, en el fondo, eres una buena persona.

Un libro: es una buena opción, menos si eres editor y el libro lo has publicado tú.

Algo decorativo para la casa: muy peligroso, todos tenemos mil manías. Lo bueno es que suelen ser cosas que se pueden romper. "Me encantaba, pero se rompió. Tengo un disgusto..." Tampoco eres taaaan buena persona, ¿eh?

Ropa interior: no, no y no. En ningún caso. Todo lo relativo al sexo es muy delicado y la frontera entre lo excitante y lo chistoso es finísima.

Los regalos imposibles: Son los regalos que uno haría si... Conocí a un tío que siempre me decía que cuando tuviese dinero me regalaría un catamarán. No un original de Erté, no unos pendientes de Sophie Bille Brahe, no un bolso de Mansur Gavriel, no una pata de jamón de Jabugo, noooooooo: un catamarán. (PS: la relación acabó antes de que me comprase el catamarán, que, por otro lado, jamás en la vida he deseado tener).

La foto es de la gran Deborah Turbeville, que acaba de morir. Una de mis fotógrafas favoritas.


jueves, 7 de noviembre de 2013

Albert Camus: the icon


100 años del nacimiento del gran Albert Camus. Fui al Liceo Francés. Soy una romántica empedernida. Es uno de mis héroes. Claro. Dadme a un hombre con gabardina y el cuello subido y una mañana nublada y un cigarrillo en la comisura de los labios y media sonrisa y una mirada inteligente y soñadora y sexy, y caigo. Cada vez. Es uno de mis escritores favoritos. Pero creo que lo que hace de Camus un escritor absolutamente excepcional es (además del talento estratosférico) la belleza, el estilo, la masculinidad, el ángel, el glamour, la pinta de héroe solitario, o como queráis llamarlo (si hubiese justicia en la tierra, la revista masculina ICON, que lanza hoy EL PAÍS, hubiese debido dedicarle la portada, o, al menos, una doble página interior. Si hay un Icon, ese es Camus). Ocurre lo mismo con Rimbaud o con el Che, por ejemplo. Pero en esta sociedad hiperpuritana en la que vivimos, alabar y reconocer el peso de algo tan aleatorio e injustamente repartido como el atractivo, el ángel (la magia de alguna gente que solo con mirarla te dan ganas de desnudarte), se ha convertido en tabú. Ya no digamos si se trata de un gran escritor. Pero, yo de vosotros, me ahorraría todos los artículos sobre su obra (sobre todo si no la habéis leído todavía), su filosofía, sus desencuentros con Sartre (el feo, y se lo hizo pagar caro) y me limitaría a mirar las fotos. Y luego, bajad a la librería de la esquina y comprad "La caída". Allí está todo. Nunca volveréis a recorrer los puentes de París de la misma manera.

martes, 5 de noviembre de 2013

La ley del mínimo esfuerzo (por los demás)


Si hay algo que creo que define estos primeros 13 años del siglo XXI es la ley del mínimo esfuerzo.

- ¿Poner el intermitente? Nooooooo. ¡Qué cansado! Y ¿para qué? Que estén atentos los demás conductores. Ya verán si giro, ¿no? ¿Qué se han creído?

- ¿Abrir o aguantar la puerta para que pase la persona que viene detrás o alguien de mayor edad que puede necesitar ayuda? ¡Ui, no! ¡Te puedes romper el brazo con el esfuerzo de sostener la puerta! Y tienes prisa, cosas importantes que hacer. Y de todos modos, son desconocidos. ¡Qué más da!

- ¿Levantarse de la mesa cuando llega alguien? ¿Para qué? Que se inclinen ellos para saludar. ¡Qué pereza levantarse! Y además, ¿no sois todas feministas? Que se levante tu tía.

- ¿Responder los mails o los mensajes que no te interesan? ¿Para qué? Es un rollo tener que decir "no". Es mucho más fácil obviar la pregunta o la petición, no responder, no darse por aludido. Si no lo entienden, es que son tontos. ¿No? ¿Para qué perder el tiempo en contestarles, darles una explicación o lo que sea, si son tontos y si, de todos modos, no te interesan?

- ¿Dar las gracias a posteriori, por una cena, por haberte echado un cable, por lo que sea? ¿Para qué? Lo han hecho porque han querido. Y mandar un "what's up", y ya no digamos, una notita manuscrita, dando las gracias, es un esfuerzo sobrehumano. Y, de todos modos, ya no lo hace nadie, es una cursilada.

Hay muchos más ejemplos.

Sensación de que esto se ha convertido en una jungla, no de animales salvajes y hermosos, no de leones majestuosos y perezosos que te arrancarán la cabeza, no de elefantes gigantes que te tumbarían con un golpe de trompa, no de pirañas, ni de anacondas, ni de tigres, ni de aguilas. De cerdos.

La foto: Jacob Morton, el modelo del siglo XXI.

domingo, 27 de octubre de 2013

La muerte de nuestros padres


Extraña, la sensación de irse quedando sin padres. Como si respirar se fuese haciendo más difícil, como si el mundo se fuese cerrando sobre nosotros. Mis padres, mi tata, Ingmar Bergman, Pina Bausch, Maurice Béjart, y ahora Lou Reed. Y, sin embargo, qué suerte increíble la de haber tenido estos padres. La de haber sido educada por esta gente. La de haber compartido la tierra y la época durante un tiempo con ellos. Que en un época de cobardes y de gente que se dedica a dar lecciones bienpensantes sobre todo, todavía pululasen (y pululen: Mandela, Philip Roth, Dylan, Serrat, etc) algunos rebeldes, algunos cabreados, algunos valientes, algunos genios, algunos apasionados, algunos torturados, es señal de que volverá a haberlos, de que no todo está perdido.
De momento, Señor Reed, seguiremos caminando por the wild side en busca del perfect day, tal y como usted nos enseñó, aunque, a partir de ahora, será un poco más difícil encontrarlo.

martes, 22 de octubre de 2013

Cosas que le quedan bien a todos los tíos



Cosas que le quedan bien a todos los tíos:

- Las bufandas.

- Las bicis.

- La barba de cuatro días.

- Las camisas blancas.

- Los polos Lacoste (pero viejos, lavados 1000 veces como mínimo).

- El pelo despeinado.

- El amor por los animales.

- Cualquier instrumento musical.

- La timidez.

- La buena educación.

- La habilidad manual.

- Las camisetas viejas (pero limpísimas. viejas y guarras, no funciona).

- La poesía.

- El fútbol.


Cosas que le quedan mal a todos los tíos:

- Los porsche.

- Las joyas (menos si te dedicas al rap y si eres negro, en ese caso, es sexy)

- Los mocasines.

- Los cuellos cisne.

- Las camisas con pinzas.

- Los foulards.

- Los bolsos.

- El yoga.

- Los puros.

- El vegetarianismo.

- El machismo.

- Las sandalias.

- El miedo a las arañas.

- El miedo en general.

- Los relojes caros.

- Las gorras.

- Las banderas.

Las fotos: Los maravillosos Benedict Cumberbatch y Damian Lewis con bufanda.

martes, 15 de octubre de 2013

La última multa


Historia verídica de lunes por la mañana.

      A pesar de mis denodados esfuerzos (gritos, amenazas, esfuerzo sobrehumano para recordar en qué calle aparqué el coche la noche anterior, etc), llegamos un pelín tarde al colegio. Cuando regreso a mi destartalado coche, que he dejado aparcado en la zona azul, sin ticket, hay un policía (o cómo se llamen) poniéndome una multa. Me acerco y le digo: "Perdone, perdone, mi hijo llegaba tarde al colegio y no tenía monedas. Ahora mismo saco un ticket". Sigue escribiendo la multa, impertérrito. Es joven y va requeteplanchado y repeinado. Entonces, levanta la vista, se me queda mirando sonriente, y me dice:
     -Te pareces mucho a esa actriz... ¿Cómo se llama?
 Le sonrío (todo lo luminosamente que puedo sonreír un lunes por la mañana, antes del café).
Me devuelve la sonrisa, pero sigue con su multa, como si nada.
     - Mmmmmmm. ¿Cómo se llamaba? Salía en esa peli...
Y el tío sigue rellenando la multa con una sonrisa de oreja a oreja.
Le digo:
     -Oye, tío, me estás poniendo una multa. No vamos a ligar.
Suspira y sigue con la multa. Cuando, por fin, acaba, me dice:
    -La puedes anular por 6 euros.
Yo: Ya lo sé.
Él: Te voy a acompañar a la máquina para ayudarte.
Yo, dirigiéndome a la máquina más cercana, con el poli, detrás: No hace falta. Sé perfectamente cómo funcionan. En realidad, cómo NO funcionan ya que nunca aceptan mi tarjeta, que en todos los otros sitios funciona perfectamente.
Meto la tarjeta. No funciona. Meto la otra tarjeta. Tampoco funciona.
Le miro con odio. Me sonríe cariñosamente.
Me dice:
- Vamos a otra, esta debe de estar estropeada.
Volvemos a recorrer la calle en dirección opuesta. Volvemos a pasar por delante de unas madres perfectas del colegio, que están desayunando tranquilamente en una terraza y que nos miran con cara de curiosidad y de sospecha.
Meto la tarjeta en la otra máquina. Tampoco funciona. Le miro:
- ¿Ahora que hago? No tengo monedas.
Me dice:
- Te voy a enseñar cómo meterla. La tienes que meter con decisión, como si me la metieras a mí.
Miro al joven renacuajo uniformado y empiezo a preguntarme si no es un loco que se ha escapado de un psiquiátrico, pero su uniforme parece auténtico, me digo, observándolo disimuladamente... O tal vez simplemente haya visto demasiadas pelis porno con policías...
La mete con decisión.
Sigue sin funcionar.
Le fulmino con la mirada. Él parece encantado de la vida.
Le arranco la tarjeta de la mano y le digo:
- Voy a buscar cambio al estanco. -Y antes de dejarle responder- NO vengas.
Y se queda en la acera con cara de pena.
O esperando a su próxima víctima.
No sé.
No soporto los lunes.

La foto: un coche, que no es el mío.


   

martes, 8 de octubre de 2013

Cosas deprimentes que ocurren en otoño


Cosas deprimentes que ocurren en otoño:  

     -Tener que volver a ponerse calcetines y coger la gripe por querer seguir yendo descalza y medio desnuda.

     - Darse cuenta de que ha pasado otro verano y de que nada de lo que promete el verano se cumple nunca -aunque la Navidad es todavía más traicionera-.

     -Tener que forrar los libros del colegio y que queden, un año más, como churros, llenos de burbujas, y que tu hijo te mire con cara de pena y te diga: "No pasa nada, mamá, no te preocupes".

     -Ir a la reunión de padres (algo de por sí ya muy deprimente) y darse cuenta, sentada en los pupitres de los niños, de que nada ha cambiado. Sigue habiendo el grupo de empollonas aplicadas, que lo apuntan todo en un bloc de notas y que preguntan mil bobadas detalles. Sigue habiendo graciosillos -aunque vayan con traje y corbata- que se mueren de risa con la menor tontería (por ejemplo, si suena un móvil, que es algo graciosísimo). Sigue habiendo el grupo de integrados/as, ahora convertidos en parejas perfectas, que acuden juntos a la reunión, que nunca nunca se olvidan del equipo de natación, que siempre siempre le ponen fruta para merendar y cuyo hijo hace 20 extra escolares, entre ellas, chino mandarín y violín. Y tú, que sigues estando en el grupo de los raros (junto a la dominicana, al padre soltero fumador compulsivo, a la lesbiana con el niño adoptado africano, etc).

 Y cosas buenas que ocurren en otoño (y nos os quejéis, me ha costado mucho dar con ellas...):

- Las botas.

- Las bufandas.

- Los higos.

- Las setas.

Me voy a la cama. Despertadme para Fin de Año San Juan, please.

La foto: ideas para pasar el invierno.
Los príncipes Yvonne y Alexander Sayn-Wittgenstein-Sayn en 1955. Foto de la princesa Marianne Sayn-Wittgenstein-Sayn.





domingo, 29 de septiembre de 2013

mejor, hecho - mejor, deshecho




Las camas: hechas.

El pelo: deshecho.

Las uñas: hechas.

Los labios: deshechos.

Las americanas: hechas.

Los vaqueros: deshechos.

La ropa interior: hecha.

Las camisetas: deshechas.

El amor: hecho.

El sexo: hecho y deshecho.

La cabeza: hecha.

El corazón: deshecho (pasados los 15 años, las personas con el corazón intacto son muy aburridas).

La foto: mi uniforme de verano: vaqueros deshechos, camiseta deshecha.

Feliz semana.