
Ya he empezado a planificar el verano. En fin, lo que llevaré este verano (el destino acabará siendo el mismo de cada año, el pueblo del norte de la Costa Brava que empieza con "C", donde crecí, hice las mayores barbaridades en la adolescencia, y ahora soy una madre responsable (bueno...), abnegada (not really) y organizada (oigo las carcajadas de los padres de mis hijos y de mi querida madre desde aquí...). O sea, que ha llegado esa época del año en la que miro las revistas para estar enterada de las tendencias (colores pastel: ¡beeeej! Estampado hawaiano: ¡requetebeeej!) y en la que le abro la puerta al mensajero o al pizzero o al tío que me trae las multas, vestida de pleno verano porque me estoy probando la ropa que, en teoría, llevaré dentro de 6 meses. El crudo invierno tiene prohibida la entrada en mi casa. Mi plan para este verano: este vestido años 20 de seda de APC (mi marca favorita), que acabo de comprar de rebajas (y que no está nada de moda), los hombros y las rodillas pecosas de cada año, el sombrero de paja, las Birkenstock y el mar. Solo faltan 6 meses. Bueno, me voy corriendo a llevar a los niños al cole, ¿alguien sabe dónde demonios están los guantes?